Morir cada día para ser santificada
Un cristiano indio desaparecido en el Tibet dijo:
"Es facil morir por Cristo, pero es dificil vivir para Él. Morir te lleva sólo una o dos horas, pero vivir para Cristo significa morir diariamente."
Este fin de semana Dios tuvo que llamarme la atención. Últimamente me había acomodado, había perdido ese celo, esa hambre y esa pasión por Dios y por su obra que antes tuve. Me había relajado y había "olvidado" el llamado que un día recibí de Dios para servirlo como misionera. Excusaba mi falta de interés por Él diciendole. "Señor, ya estuvemucho tiempohaciendo lo que tu me pedías, ahora déjame hacer lo que yo quiera."
Me estaba comportando como Jonás, intentando huir de la voluntad de Dios, algo inutil, por cierto. Pero lo cierto es que estaba luchando con Dios, y desde luego no como Jacob, para que me bendijera. Sin embargo había algo dentro de mi que me decía que no iba a lograr nada con todo aquello. Me decía que algo iba mal y yo no me sentía plena, feliz.
Este fin de semana Javier Eduardo Povedano (siendo Eduardo su primer apellido) vino a casa, con motivo de presentar en nuestra Iglesia el ministerio de Puertas Abiertas (ministerio con el que mis padres viajaron a Chiapas, México. Como conté anteriormente) Nos presentó la situación de tantísimos cristianos en paises donde el creer en Jesús es considerado un atentado contra el estado. Nos habló de salir de "nuestra zona cómoda", de ser consecuentes con lo que creemos, de vivir para Cristo. Me sentí pequeña, humillada, insignificante. Dios una vez más había tocado mi corazón y lo había quebrantado.
Recordé cuando el pueblo de Israel reconstruía la muralla de Jerusalem, en el Libro de Nehemías. La Biblia dice que cada familia reconstruía la muralla por una zona y con una mano construían y con la otra sostenían la espada. De modo que cuando atacaban alguna zona y la familia hacía sonar una trompeta en forma de auxilio todo el pueblo acudía en ayuda de aquellos. Lo mismo ocurría con el pueblo de Dios. Cuando nuestros hermanos tocan la trompeta pidiendo auxilio es nuestro deber acudir en su socorro, tal vez no podamos hacerlo físicamente, pero sin duda podermos interceder.
Entonces me dí cuenta de que lo que Dios demanda de nosotros tal vez no es ser Mártires por Jesús, es vivir para él. Me di cuenta de que lo realmente importante es morir espiritualmente cada día, para que él, de nuestros pedazos pueda ir formando día a día un siervo cada vez más a su imagen y semenjanza. Ser santificado.
Me hice una pregunta: ¿Estoy viviendo para Cristo?
